DISCURSO DE LA PRIMERA DAMA AGUAS OCAÑA DE MADURO
17 de Enero de 2005
“Mujer del Año”

21 de Enero de 2005


Mi profundo agradecimiento a la Asociación Femenina Hondureña Árabe por la institución de este homenaje como “Mujer de Año” que vienen realizando.

Yo, que creo firmemente en el papel preponderante y especial de la mujer en Honduras, apoyo y animo a las asociaciones de mujeres que tanto han ayudado a reivindicar su esfuerzo y papel protagónico.

Quede así por adelantado mi satisfacción por la institucionalización de este reconocimiento a las mujeres. Ya que, si bien comprobamos que siempre ha habido mujeres capaces de sobreponerse a las más penosas circunstancias; mujeres creadoras, guerreras, aventureras, políticas y científicas, que han tenido la habilidad y el coraje de escaparse, quién sabe como, de destinos muy estrechos, siempre fueron pocas, claro esta, en comparación con la gran masa de mujeres anónimas y sometidas a los limites que el mundo les impuso, pero fueron, sin lugar a duda, muchísimas más que las que hoy conocemos y recordamos.

Dicen así, que las mujeres cuando morimos lo hacemos para siempre, sometidas al olvido. Ustedes están ayudando a cambiar este concepto.

Los historiadores, los enciclopedistas, los académicos, los guardianes de la cultura oficial, de la memoria pública fueron fundamentalmente hombres, y los actos y obras de las mujeres han pasado raramente a los anales.

Aunque hoy esta amnesia sexista está por fin cambiando, la creciente presencia femenina en los niveles académicos y eruditos empieza a normalizar la situación, y se ha abierto todo un campo de nuevas investigaciones hechas mayoritariamente por mujeres, que intentan rescatar a nuestros antepasados de la bruma.

Mi homenaje a ellas en el día de hoy.

A todas las hondureñas anónimas que nos permitieron tantos triunfos actuales, y a las que aún en estas fechas mueren víctimas de la violencia doméstica y sufren múltiples opresiones por su condición.

Juntas, podemos fortalecer nuestros espíritus, ayudándonos mutuamente al maravilloso descubrimiento de nuestro ser físico, de nuestras demandas, nuestra sed de saber, nuestra plenitud en el amor, nuestra felicidad en la entrega sin cálculo ni reserva.

Quiero hablarles de mí como mujer: estos dos años de mi vida, como esposa, como madre y como Primera Dama, han sido, sin duda un privilegio que Dios me ha dado, de servir a mi querida Honduras y muy especialmente a los más pobres de entre los hondureños. Ha sido mi experiencia más bella y gratificante.

Ser Primera Dama es un privilegio que no alcanzamos por méritos propios, pero su desempeño si conlleva un juicio de la sociedad propia e internacional y lo consolidamos, eso sí, en nombre propio.

Como esposa del Presidente de un país que enfrenta la pobreza frontalmente, que vive los efectos de un limitado acceso a la nutrición infantil, a los servicios básicos de salud y a la educación; con niveles altos de delincuencia y elevado desarraigo familiar, NO PODÍA PERMANECER AJENA A ESTAS CIRCUNSTANCIAS.

Siempre sentí que las Primeras Damas debemos acompañar a nuestro pueblo en los momentos más difíciles, entregarles a manos llenas, nuestro aliento y apoyo solidario en una lucha que ha de ser infatigable, sincera, generosa y sacrificada, siempre tesonera y plena de humanidad, pretendiendo forjar conciencias y propulsando ideales y progreso.

Debemos, asimismo, ser un baluarte en la lucha por los derechos de los más desposeídos, incansables contra la apatía, la irresponsabilidad y el egoísmo.

Conscientes de que no podemos acabar con el dolor y la tragedia humana, sí creo que podemos encabezar la esperanza.

Creo importante que alcemos la voz aún en medio de la polémica, en la denuncia de la violación de derechos de nuestra niñez, reclamando la protección de la mujer que vive la terrible situación de la violencia doméstica y de la desigualdad social, concienciando a gobernantes y Organizaciones Internacionales de la importancia de la inversión en educación y formación profesional de niñas y mujeres, buscando siempre políticas de integración de colectivos marginados, sin olvidar el impulso de campañas de información para divulgar sus derechos, así como los mecanismos de protección con que cuentan.

Y, sin duda, despertar la sensibilidad de muchos sobre temas que, desgraciadamente, preocupan sólo a unos pocos.

Confío profundamente en nuestro poder motivador para alumbrar el espacio que nos separa de nuestros grandes objetivos, haciendo que todos crean en metas lejanas, como:
Rescatar y atender a la totalidad de los niños en situación de calle, Erradicar el trabajo y la explotación sexual-comercial de nuestros pequeños, Consolidar con recursos el derecho a la alimentación, salud y educación de los niños, Proporcionarles los medios necesarios para la persecución y castigo de los delitos cometidos sobre los mismos, y Establecer los medios para su inmediato rescate en caso de abuso sexual, maltrato o abandono.

Son enormes nuestros retos y no exentos de dificultad. A diferencia de muchos, siempre pensé que mostrar nuestros problemas, no es vergonzoso ni negativo, es el primer paso hacia la solución, el primer paso hacia la construcción en este orden de cosas, de una sociedad con equidad social y solidaria.

Aunque me duele sobremanera quiero leerles textualmente parte de un informe que se emitió en un centro de recuperación de niños desnutridos.

“La Niña, Leidy, de dos años, pesa 14 libras.
Padece grado 3 de desnutrición, con los dos tipos de estarvación, marasmos y kwashikor.
No succiona, toma una cucharadita de agua o leche cada tres horas.
Está hinchada porque sus riñones ya no funcionan.
No se mueve nada.
Esta muy enferma, pero sobrevivió la noche, se necesita llevarla a un hospital porque de lo contrario, posiblemente va a morir en poco tiempo.
Recibió transfusiones y muchas medicinas.
Kevin, sigue diciendo el informe, un año, 9 libras. Tiene Marasmo severo grado tres…….”
A Francis, de la Etnia Tolupan, la rescatamos al borde de la muerte. Con cuatro años, pesaba 22 libras.
SON NUESTRO HIJOS

Por mi parte, Honduras tiene mi compromiso total y pleno. El dolor de nuestros niños es mi estímulo y mi fuerza.

Mi compromiso personal y el de mi esposo estarán siempre presentes aún después del gobierno.

A nuestro lado Mileidy, Kevin, Francis, Johan y Jacky nos recordaran siempre ese compromiso, con sus sonrisas, su cariño y sus bellos rostros repletos de salud.

A mi padre, al que no he podido acompañar en su enfermedad, le quiero dedicar muy especialmente este homenaje.

Fueron, sin duda, su ejemplo de responsabilidad, entrega junto con mi madre los que prepararon mi corazón para servir a Honduras.

A mi esposo por su paciencia ante mi rebeldía y pasionales iniciativas y por supuesto por ser un magnifico padre y ejemplo para nuestros hijos.

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