|
Mi profundo agradecimiento
a la Asociación Femenina Hondureña Árabe por la institución
de este homenaje como “Mujer de Año” que vienen realizando.
Yo,
que creo firmemente en el papel preponderante y especial de la mujer en
Honduras, apoyo y animo a las asociaciones de mujeres que tanto han ayudado
a reivindicar su esfuerzo y papel protagónico.
Quede
así por adelantado mi satisfacción por la institucionalización
de este reconocimiento a las mujeres. Ya que, si bien comprobamos que
siempre ha habido mujeres capaces de sobreponerse a las más penosas
circunstancias; mujeres creadoras, guerreras, aventureras, políticas
y científicas, que han tenido la habilidad y el coraje de escaparse,
quién sabe como, de destinos muy estrechos, siempre fueron pocas,
claro esta, en comparación con la gran masa de mujeres anónimas
y sometidas a los limites que el mundo les impuso, pero fueron, sin lugar
a duda, muchísimas más que las que hoy conocemos y recordamos.
Dicen
así, que las mujeres cuando morimos lo hacemos para siempre, sometidas
al olvido. Ustedes están ayudando a cambiar este concepto.
Los
historiadores, los enciclopedistas, los académicos, los guardianes
de la cultura oficial, de la memoria pública fueron fundamentalmente
hombres, y los actos y obras de las mujeres han pasado raramente a los
anales.
Aunque
hoy esta amnesia sexista está por fin cambiando, la creciente presencia
femenina en los niveles académicos y eruditos empieza a normalizar
la situación, y se ha abierto todo un campo de nuevas investigaciones
hechas mayoritariamente por mujeres, que intentan rescatar a nuestros
antepasados de la bruma.
Mi
homenaje a ellas en el día de hoy.
A
todas las hondureñas anónimas que nos permitieron tantos
triunfos actuales, y a las que aún en estas fechas mueren víctimas
de la violencia doméstica y sufren múltiples opresiones
por su condición.
Juntas,
podemos fortalecer nuestros espíritus, ayudándonos mutuamente
al maravilloso descubrimiento de nuestro ser físico, de nuestras
demandas, nuestra sed de saber, nuestra plenitud en el amor, nuestra felicidad
en la entrega sin cálculo ni reserva.
Quiero
hablarles de mí como mujer: estos dos años de mi vida, como
esposa, como madre y como Primera Dama, han sido, sin duda un privilegio
que Dios me ha dado, de servir a mi querida Honduras y muy especialmente
a los más pobres de entre los hondureños. Ha sido mi experiencia
más bella y gratificante.
Ser
Primera Dama es un privilegio que no alcanzamos por méritos propios,
pero su desempeño si conlleva un juicio de la sociedad propia e
internacional y lo consolidamos, eso sí, en nombre propio.
Como
esposa del Presidente de un país que enfrenta la pobreza frontalmente,
que vive los efectos de un limitado acceso a la nutrición infantil,
a los servicios básicos de salud y a la educación; con niveles
altos de delincuencia y elevado desarraigo familiar, NO PODÍA PERMANECER
AJENA A ESTAS CIRCUNSTANCIAS.
Siempre
sentí que las Primeras Damas debemos acompañar a nuestro
pueblo en los momentos más difíciles, entregarles a manos
llenas, nuestro aliento y apoyo solidario en una lucha que ha de ser infatigable,
sincera, generosa y sacrificada, siempre tesonera y plena de humanidad,
pretendiendo forjar conciencias y propulsando ideales y progreso.
Debemos,
asimismo, ser un baluarte en la lucha por los derechos de los más
desposeídos, incansables contra la apatía, la irresponsabilidad
y el egoísmo.
Conscientes
de que no podemos acabar con el dolor y la tragedia humana, sí
creo que podemos encabezar la esperanza.
Creo
importante que alcemos la voz aún en medio de la polémica,
en la denuncia de la violación de derechos de nuestra niñez,
reclamando la protección de la mujer que vive la terrible situación
de la violencia doméstica y de la desigualdad social, concienciando
a gobernantes y Organizaciones Internacionales de la importancia de la
inversión en educación y formación profesional de
niñas y mujeres, buscando siempre políticas de integración
de colectivos marginados, sin olvidar el impulso de campañas de
información para divulgar sus derechos, así como los mecanismos
de protección con que cuentan.
Y,
sin duda, despertar la sensibilidad de muchos sobre temas que, desgraciadamente,
preocupan sólo a unos pocos.
Confío
profundamente en nuestro poder motivador para alumbrar el espacio que
nos separa de nuestros grandes objetivos, haciendo que todos crean en
metas lejanas, como:
Rescatar y atender a la totalidad de los niños en situación
de calle, Erradicar el trabajo y la explotación sexual-comercial
de nuestros pequeños, Consolidar con recursos el derecho a la alimentación,
salud y educación de los niños, Proporcionarles los medios
necesarios para la persecución y castigo de los delitos cometidos
sobre los mismos, y Establecer los medios para su inmediato rescate en
caso de abuso sexual, maltrato o abandono.
Son
enormes nuestros retos y no exentos de dificultad. A diferencia de muchos,
siempre pensé que mostrar nuestros problemas, no es vergonzoso
ni negativo, es el primer paso hacia la solución, el primer paso
hacia la construcción en este orden de cosas, de una sociedad con
equidad social y solidaria.
Aunque
me duele sobremanera quiero leerles textualmente parte de un informe que
se emitió en un centro de recuperación de niños desnutridos.
“La
Niña, Leidy, de dos años, pesa 14 libras.
Padece grado 3 de desnutrición, con los dos tipos de estarvación,
marasmos y kwashikor.
No succiona, toma una cucharadita de agua o leche cada tres horas.
Está hinchada porque sus riñones ya no funcionan.
No se mueve nada.
Esta muy enferma, pero sobrevivió la noche, se necesita llevarla
a un hospital porque de lo contrario, posiblemente va a morir en poco
tiempo.
Recibió transfusiones y muchas medicinas.
Kevin, sigue diciendo el informe, un año, 9 libras. Tiene Marasmo
severo grado tres…….”
A Francis, de la Etnia Tolupan, la rescatamos al borde de la muerte. Con
cuatro años, pesaba 22 libras.
SON NUESTRO HIJOS
Por
mi parte, Honduras tiene mi compromiso total y pleno. El dolor de nuestros
niños es mi estímulo y mi fuerza.
Mi
compromiso personal y el de mi esposo estarán siempre presentes
aún después del gobierno.
A
nuestro lado Mileidy, Kevin, Francis, Johan y Jacky nos recordaran siempre
ese compromiso, con sus sonrisas, su cariño y sus bellos rostros
repletos de salud.
A
mi padre, al que no he podido acompañar en su enfermedad, le quiero
dedicar muy especialmente este homenaje.
Fueron,
sin duda, su ejemplo de responsabilidad, entrega junto con mi madre los
que prepararon mi corazón para servir a Honduras.
A
mi esposo por su paciencia ante mi rebeldía y pasionales iniciativas
y por supuesto por ser un magnifico padre y ejemplo para nuestros hijos.
regresar
a la noticia
|