| DISCURSO
DE LA PRIMERA DAMA AGUAS OCAÑA DE MADURO
AL MOMENTO DE RECIBIR LA CONDECORACION
“ORDEN MAYO AL MERITO EN EL GRADO DE COMENDADOR”
IMPUESTO POR EL GOBIERNO DE ARGENTINA
Excelentísimo
Señor
D. Ricardo Maduro
Presidente de la República
Excelentísimo Señor
D. Rafael Bielsa
Ministro de Relaciones Exteriores y Culto de la República de Argentina
Excelentísimo Señor
D. Leonidas Rosa Bautista
Ministro de Relaciones Exteriores
Excelentísimos Señores
Embajadores
Señores Miembros del
Gabinete de Gobierno
Honorables Miembros de la Delegación
de la República de Argentina
Señores Miembros de
la Prensa Nacional e Internacional
Invitados Especiales
Señoras Y Señores
Me honran profundamente cuando identifican en mi esfuerzo y entrega, la
persona digna de recibir la “Orden de Mayo al Mérito en el
Grado de Comendador” del Gobierno de Argentina; honra que comparto
con todos los hondureños pobres, quienes han sido mi motivo de
lucha en estos, algo más de dos años de trabajo, junto a
mi esposo el Presidente Maduro.
Cuando se trata de premiar
la solidaridad “que mayor reconocimiento que aquel que viene de
los más solidarios”. Argentina salvó del hambre a
miles de Europeos en el pasado siglo, tras la guerra, y su compromiso
e implicación representó, en uno de los momentos más
trágicos de la historia mundial: la esperanza para los más
pobres: sobrevivientes, desplazados y enfermos.
Quiero Sr. Canciller, que transmita
a su pueblo mi admiración y cariño, y al mismo tiempo mi
profundo sentir, compartido por todos los hondureños, por las difíciles
circunstancias por las que han atravesado en los últimos años
y, por supuesto, nuestros mejores deseos para el Presidente Kichner y
su gobierno en su rotunda y esforzada apuesta por la recuperación
de la economía argentina y de la confianza en sus instituciones.
En definitiva por el futuro de su pueblo.
Deseo comenzar transmitiéndoles
mi tristeza cuando, en los primeros días de mi matrimonio, ya trabajando
por Honduras, me situaba en un entorno de pobreza que jamás hubiera
podido imaginar.
Si bien las cifras reflejaban
una desnutrición infantil media, en zonas rurales de más
del 42%, había departamentos que superaban este dato: 4 de cada
5 niños estaban desnutridos.
Detrás de estos datos:
o las caritas,
o el dolor.
Ya no eran sólo estadísticas: era el rostro de mis hijos.
o Kevin, con 1 año, pesaba 9 libras
o Mili, con 2 años, 14 libras, y
o Francis, con 4 años, 22 libras.
Kevin, con su mirada perdida,
permanecía horas sin ni siquiera moverse.
Mili, ya no succionaba y sólo tomaba una cucharadita de leche cada
tres horas. Hubo que ponerle varias transfusiones de sangre para salvar
su vida.
Francis, lentamente, arrancaba trocitos de grama y se los llevaba a la
boca. Ya había perdido tejidos en sus piernitas y en su rostro.
Más del 71% de la población
vivían en la pobreza. Más del 21 % vivía con menos
de $1.00 al día. Contábamos con el primer lugar en casos
de SIDA en Centroamérica y casi el 50% de la población eran
menores de 18 años y enfrentaban con frecuencia, situaciones de
abandono familiar.
La pobreza se aliaba así
con:
o la irresponsabilidad paterna
o la falta de valores, y
o lo que pudiéramos llamar un semi-éxodo a otros países
más ricos, con el consiguiente desarraigo familiar.
Una de las consecuencias más
graves y lastre de nuestro país, son los jóvenes en situación
de maras o pandillas que desarrollan una terrible actividad delictiva.
La violencia doméstica
es una problemática más que grave; en muchos casos la mujer
ni tan siquiera la identifica, como tal, mientras la sufre.
Su rostro, para mí es
el de Elsa: fue sometida a violaciones brutales, vejatorias y continuas
que la llevaron a una reconstrucción total de sus órganos
sexuales. Ella, me hablaba de cómo tras una brutal paliza, abortaba
a sus gemelitos deshechos. No supo hasta años después, ya
abandonada, que él no tenía derecho a dañarla de
esa forma.
Nuestra falta de medios en
salud nos lleva a recurrir a la amputación de una pierna a Marcela
de 8 años, por no poder pagar un pequeño implante de apenas
$300.00. Gracias a Dios llegamos a tiempo de evitarlo. Pero... ¿cuantas
veces no llegamos a tiempo?
Y entre tanto dolor...el que,
a mi entender, es el más terrible:
o por la humillación
o por la confusión y
o culpabilidad que causa en nuestros niños en el resto de su vida:
los abusos sexuales, especialmente en su propio hogar.
Permítanme sólo
un dato:
Santa Bárbara, uno de nuestros 18 departamentos, registra 10 casos
de abusos sexuales a niños por semana y, créanme, es la
punta del iceberg porque en su gran mayoría no se denuncian.
La carita: la de Freddy: 8
años, abusado por su papá desde los 4. En su propio hogar
donde debía ser protegido y educado. Dañado por quien, se
supone, debía ser quien más le quisiera en su vida. Imaginen
su confusión cuando la familia conoce y tolera. Imaginen su confusión
cuando le retiran su cariño por denunciar o pedir ayuda, ante incluso
sangrados o infecciones.
Imaginen también la
confusión de nuestros pequeños cuando no pueden distinguir
una caricia sincera o paternal del despreciable deseo de un adulto, niño
o adolescente de usar para su único disfrute, egoísta y
enfermo, su cuerpo chiquito e inocente.
De otro lado: nuestros insuficientes
recursos para investigar, obtener pruebas y condenar a los culpables.
Sin olvidar la inexistente oferta de profesionales que puedan ayudarles
a sanar estas heridas emocionales, acompañando la justicia.
Y no saben, lo que he llegado a sentir cuando descubríamos todos
estos abusos concentrados en un solo niño:
o desnutrición
o abandono
o maltrato
o explotación sexual o abuso
o privación de la educación
o y hasta de un nombre o conocimiento de su edad por falta de inscripción.
Cuando visito un hogar de niños y encuentro un pequeño que
no levanta la vista del suelo, que busca el rincón para protegerse,
que sólo come y bebe cuando se le ofrece, que no llora ni se resiste
cuando siente dolor o se enferma...puedo imaginar cuanto sufrió
sin hablar y cuanto soportó sin revelarse.
Sí. Esta es mi lucha
y es la lucha de tantos otros que he encontrado en estos, algo más
de dos años, por eso esta condecoración quiero compartirla
con ellos.
Sin duda es más fácil
dar a conocer el esfuerzo que se hace cuando se cuenta con el maravilloso
privilegio de ser Primera Dama del país y contar con el apoyo incondicional
de un Esposo-Presidente, comprometido y sensible.
Ser Primera Dama es un privilegio
de Dios, un privilegio que no alcancé por méritos propios,
pero su desempeño si conlleva un juicio de la sociedad propia e
internacional y se consolida eso sí, por méritos propios.
Como han podido escuchar, son
enormes nuestros retos y no exentos de dificultad. “El Progreso”
como decía Robert Kennedy, es una bella palabra, pero su motor
es el cambio y este tiene sus enemigos.
Hacer o no, desempeñar
el papel con compromiso, dedicación y valentía, o desempeñar
un mero papel protocolario está en nuestras manos. Si bién,
el mayor aliento, en el primer caso, está en abrigarnos en los
que tienen una amplia experiencia y trayectoria de lucha por los más
pobres, los que han formado, a través de los años, correctamente,
generaciones de huérfanos, y los que han rehabilitado jóvenes,
víctimas de las drogas y pandillas; en definitiva, los que han
venido empujando ese “Progreso” con mayúsculas del
que les hablaba.
Creo importante alzar la voz
aún en medio de la polémica, en la denuncia de la violación
de derechos de nuestra niñez, reclamando la protección de
la mujer que vive la terrible situación de la violencia doméstica
y de la desigualdad social, concienciando a gobernantes y organizaciones
internacionales, de la importancia de la inversión en educación
y formación profesional de niñas y mujeres, buscando siempre
políticas de integración de colectivos marginados, sin olvidar
el impulso de campañas de información para divulgar sus
derechos así como los mecanismos de protección con que cuentan.
Y, sin duda, deseo despertar
la sensibilidad de muchos, sobre temas que, desgraciadamente preocupan
sólo a unos pocos.
Mi agradecimiento personal
también, a los MEDIOS DE COMUNICACIÓN quienes, incansables,
me acompañaron, incluso hasta las 3 de la mañana, o partiendo
a las 4 en medio de la noche, por las calles de Tegucigalpa y San Pedro
Sula, rescatando menores o entrando en clubes y prostíbulos identificando
niñas y adolescentes…..
Gracias por su dedicación
y valentía.
Ustedes han documentado la
realidad que deseamos cambiar y han despertado conciencias, en nuestro
país, y más allá de nuestras fronteras.
No quiero finalizar sin dejar
de reconocer públicamente el papel tan importante que desempeñan
los Organismos y Agencias Internacionales, Iglesias, ONG’s, Empresas
Privadas y Voluntarios, ya que ellos son los que hacen posible que muchos
proyectos que ejecutamos sean realidad y sigan adelante.
Deseo finalmente agradecer
a mi equipo en el Despacho, por su dedicación y compromiso, por
su trabajo humano y efectivo, muy especialmente a Elia Portillo y Lourdes
Sagastume, magníficas profesionales y excelentes seres humanos.
A Marcela Suazo, Ministra de
la Mujer; a Jimmy Hughes y Alex Moraes, por su colaboración y entrega
en mi trabajo.
Y sobre todo, al pueblo de
Honduras, por su cariño y respaldo, permitiéndome recorrer
el mundo, siendo la voz de los más pobres de entre ellos.
Gracias Canciller y transmita
al Presidente Kichner y al pueblo argentino, nuestro profundo cariño
y agradecimiento por esta condecoración.
Regresar
a la noticia
|