DISCURSO DEL SEÑOR CANCILLER DE ARGENTINA RAFAEL BIELSA
DURANTE LA IMPOSICION DE LA CONDECORACION
“ORDEN DE MAYO AL MERITO EN EL GRADO DE COMENDADOR”
A LA PRIMERA DAMA DE LA NACION, AGUAS OCAÑA DE MADURO

Martes 01 de febrero de 2005
 

DISCURSO DE LA PRIMERA DAMA AGUAS OCAÑA DE MADURO
AL MOMENTO DE RECIBIR LA CONDECORACION
“ORDEN MAYO AL MERITO EN EL GRADO DE COMENDADOR”
IMPUESTO POR EL GOBIERNO DE ARGENTINA

Excelentísimo Señor
D. Ricardo Maduro
Presidente de la República

Excelentísimo Señor
D. Rafael Bielsa
Ministro de Relaciones Exteriores y Culto de la República de Argentina

Excelentísimo Señor
D. Leonidas Rosa Bautista
Ministro de Relaciones Exteriores

Excelentísimos Señores Embajadores

Señores Miembros del Gabinete de Gobierno

Honorables Miembros de la Delegación de la República de Argentina

Señores Miembros de la Prensa Nacional e Internacional

Invitados Especiales

Señoras Y Señores
Me honran profundamente cuando identifican en mi esfuerzo y entrega, la persona digna de recibir la “Orden de Mayo al Mérito en el Grado de Comendador” del Gobierno de Argentina; honra que comparto con todos los hondureños pobres, quienes han sido mi motivo de lucha en estos, algo más de dos años de trabajo, junto a mi esposo el Presidente Maduro.

Cuando se trata de premiar la solidaridad “que mayor reconocimiento que aquel que viene de los más solidarios”. Argentina salvó del hambre a miles de Europeos en el pasado siglo, tras la guerra, y su compromiso e implicación representó, en uno de los momentos más trágicos de la historia mundial: la esperanza para los más pobres: sobrevivientes, desplazados y enfermos.

Quiero Sr. Canciller, que transmita a su pueblo mi admiración y cariño, y al mismo tiempo mi profundo sentir, compartido por todos los hondureños, por las difíciles circunstancias por las que han atravesado en los últimos años y, por supuesto, nuestros mejores deseos para el Presidente Kichner y su gobierno en su rotunda y esforzada apuesta por la recuperación de la economía argentina y de la confianza en sus instituciones. En definitiva por el futuro de su pueblo.

Deseo comenzar transmitiéndoles mi tristeza cuando, en los primeros días de mi matrimonio, ya trabajando por Honduras, me situaba en un entorno de pobreza que jamás hubiera podido imaginar.

Si bien las cifras reflejaban una desnutrición infantil media, en zonas rurales de más del 42%, había departamentos que superaban este dato: 4 de cada 5 niños estaban desnutridos.

Detrás de estos datos:
o las caritas,
o el dolor.
Ya no eran sólo estadísticas: era el rostro de mis hijos.
o Kevin, con 1 año, pesaba 9 libras
o Mili, con 2 años, 14 libras, y
o Francis, con 4 años, 22 libras.

Kevin, con su mirada perdida, permanecía horas sin ni siquiera moverse.
Mili, ya no succionaba y sólo tomaba una cucharadita de leche cada tres horas. Hubo que ponerle varias transfusiones de sangre para salvar su vida.
Francis, lentamente, arrancaba trocitos de grama y se los llevaba a la boca. Ya había perdido tejidos en sus piernitas y en su rostro.

Más del 71% de la población vivían en la pobreza. Más del 21 % vivía con menos de $1.00 al día. Contábamos con el primer lugar en casos de SIDA en Centroamérica y casi el 50% de la población eran menores de 18 años y enfrentaban con frecuencia, situaciones de abandono familiar.

La pobreza se aliaba así con:
o la irresponsabilidad paterna
o la falta de valores, y
o lo que pudiéramos llamar un semi-éxodo a otros países más ricos, con el consiguiente desarraigo familiar.

Una de las consecuencias más graves y lastre de nuestro país, son los jóvenes en situación de maras o pandillas que desarrollan una terrible actividad delictiva.

La violencia doméstica es una problemática más que grave; en muchos casos la mujer ni tan siquiera la identifica, como tal, mientras la sufre.

Su rostro, para mí es el de Elsa: fue sometida a violaciones brutales, vejatorias y continuas que la llevaron a una reconstrucción total de sus órganos sexuales. Ella, me hablaba de cómo tras una brutal paliza, abortaba a sus gemelitos deshechos. No supo hasta años después, ya abandonada, que él no tenía derecho a dañarla de esa forma.

Nuestra falta de medios en salud nos lleva a recurrir a la amputación de una pierna a Marcela de 8 años, por no poder pagar un pequeño implante de apenas $300.00. Gracias a Dios llegamos a tiempo de evitarlo. Pero... ¿cuantas veces no llegamos a tiempo?

Y entre tanto dolor...el que, a mi entender, es el más terrible:
o por la humillación
o por la confusión y
o culpabilidad que causa en nuestros niños en el resto de su vida: los abusos sexuales, especialmente en su propio hogar.

Permítanme sólo un dato:
Santa Bárbara, uno de nuestros 18 departamentos, registra 10 casos de abusos sexuales a niños por semana y, créanme, es la punta del iceberg porque en su gran mayoría no se denuncian.

La carita: la de Freddy: 8 años, abusado por su papá desde los 4. En su propio hogar donde debía ser protegido y educado. Dañado por quien, se supone, debía ser quien más le quisiera en su vida. Imaginen su confusión cuando la familia conoce y tolera. Imaginen su confusión cuando le retiran su cariño por denunciar o pedir ayuda, ante incluso sangrados o infecciones.

Imaginen también la confusión de nuestros pequeños cuando no pueden distinguir una caricia sincera o paternal del despreciable deseo de un adulto, niño o adolescente de usar para su único disfrute, egoísta y enfermo, su cuerpo chiquito e inocente.

De otro lado: nuestros insuficientes recursos para investigar, obtener pruebas y condenar a los culpables. Sin olvidar la inexistente oferta de profesionales que puedan ayudarles a sanar estas heridas emocionales, acompañando la justicia.
Y no saben, lo que he llegado a sentir cuando descubríamos todos estos abusos concentrados en un solo niño:
o desnutrición
o abandono
o maltrato
o explotación sexual o abuso
o privación de la educación
o y hasta de un nombre o conocimiento de su edad por falta de inscripción.

Cuando visito un hogar de niños y encuentro un pequeño que no levanta la vista del suelo, que busca el rincón para protegerse, que sólo come y bebe cuando se le ofrece, que no llora ni se resiste cuando siente dolor o se enferma...puedo imaginar cuanto sufrió sin hablar y cuanto soportó sin revelarse.

Sí. Esta es mi lucha y es la lucha de tantos otros que he encontrado en estos, algo más de dos años, por eso esta condecoración quiero compartirla con ellos.

Sin duda es más fácil dar a conocer el esfuerzo que se hace cuando se cuenta con el maravilloso privilegio de ser Primera Dama del país y contar con el apoyo incondicional de un Esposo-Presidente, comprometido y sensible.

Ser Primera Dama es un privilegio de Dios, un privilegio que no alcancé por méritos propios, pero su desempeño si conlleva un juicio de la sociedad propia e internacional y se consolida eso sí, por méritos propios.

Como han podido escuchar, son enormes nuestros retos y no exentos de dificultad. “El Progreso” como decía Robert Kennedy, es una bella palabra, pero su motor es el cambio y este tiene sus enemigos.

Hacer o no, desempeñar el papel con compromiso, dedicación y valentía, o desempeñar un mero papel protocolario está en nuestras manos. Si bién, el mayor aliento, en el primer caso, está en abrigarnos en los que tienen una amplia experiencia y trayectoria de lucha por los más pobres, los que han formado, a través de los años, correctamente, generaciones de huérfanos, y los que han rehabilitado jóvenes, víctimas de las drogas y pandillas; en definitiva, los que han venido empujando ese “Progreso” con mayúsculas del que les hablaba.

Creo importante alzar la voz aún en medio de la polémica, en la denuncia de la violación de derechos de nuestra niñez, reclamando la protección de la mujer que vive la terrible situación de la violencia doméstica y de la desigualdad social, concienciando a gobernantes y organizaciones internacionales, de la importancia de la inversión en educación y formación profesional de niñas y mujeres, buscando siempre políticas de integración de colectivos marginados, sin olvidar el impulso de campañas de información para divulgar sus derechos así como los mecanismos de protección con que cuentan.

Y, sin duda, deseo despertar la sensibilidad de muchos, sobre temas que, desgraciadamente preocupan sólo a unos pocos.

Mi agradecimiento personal también, a los MEDIOS DE COMUNICACIÓN quienes, incansables, me acompañaron, incluso hasta las 3 de la mañana, o partiendo a las 4 en medio de la noche, por las calles de Tegucigalpa y San Pedro Sula, rescatando menores o entrando en clubes y prostíbulos identificando niñas y adolescentes…..

Gracias por su dedicación y valentía.

Ustedes han documentado la realidad que deseamos cambiar y han despertado conciencias, en nuestro país, y más allá de nuestras fronteras.

No quiero finalizar sin dejar de reconocer públicamente el papel tan importante que desempeñan los Organismos y Agencias Internacionales, Iglesias, ONG’s, Empresas Privadas y Voluntarios, ya que ellos son los que hacen posible que muchos proyectos que ejecutamos sean realidad y sigan adelante.

Deseo finalmente agradecer a mi equipo en el Despacho, por su dedicación y compromiso, por su trabajo humano y efectivo, muy especialmente a Elia Portillo y Lourdes Sagastume, magníficas profesionales y excelentes seres humanos.

A Marcela Suazo, Ministra de la Mujer; a Jimmy Hughes y Alex Moraes, por su colaboración y entrega en mi trabajo.

Y sobre todo, al pueblo de Honduras, por su cariño y respaldo, permitiéndome recorrer el mundo, siendo la voz de los más pobres de entre ellos.

Gracias Canciller y transmita al Presidente Kichner y al pueblo argentino, nuestro profundo cariño y agradecimiento por esta condecoración.

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